Ya no aguantaba más; debía parar o terminaría asfixiado. Aquella carrera que había empezado como un juego se estaba convirtiendo en un pesar. Aún así, mantenía la misma velocidad. Veía como mis amigos me adelantaban uno tras otro. Solamente superaba a aquella niña rellenita que apenas podía avanzar. Mi espíritu competitivo no me dejaba ir a ayudarla, siquiera la conocía... ¿Para qué ayudarla? Sin embargo, algo dentro de mí, me incitaba a prestarle mi fiel auxilio.
Caminados unos cuantos metros, con dolor de cabeza tras analizar lo que estaba bien o mal; decidí ir en su ayuda. Ganar era tentador pero aquella jovenzuela no podría llegar a la playa, que se veía lejana en el horizonte. Con fuerzas extraídas de flaquezas, recorrí de nuevo los metros que nos separaban. Mis amigos reían a la par que me preguntaban qué hacía. Cuando llegué a aquella niña, me di cuenta de que todo era mentira... No corría por pereza y se hacía la remolona para que le prestaran atención. Una vez más fui engañado por la mentira de una ociosa niña.
Con rabia y fuerte rencor, emprendí la carrera de nuevo. Mi honestidad me llevó a ayudarla pero mi rabia me llevaría a ganar la suntuosa carrera. Parecía pájaro tomando vuelo, ya que apenas rozaba el suelo. Adelanté a todos mis compañeros y llegué a la majestuosa playa con una victoria asegurada. Sin embargo, un traspié me hizo caer y la carrera perder. Mis amigos continuaron hasta en el mar meterse y refrescarse. Difícilmente me movía pero podía ver como se bañaban y divertían en la fresca agua de la playa.
Pasados unos segundos, aparecíó aquella muchacha vaga. Esperando estaba su ayuda, ya que yo le ofrecí la mía, sin más siguió de largo y se introdujo rauda en el mar con los otros, que anteriormente se reían de su gordura. Aún dolorido me levanté y lo pensé... ¿Eran mis amigos? ¿O era una mentira más que me había creído...?
By: Alejandro Coello
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